Todos, siempre, nos acercamos al final de nuestro tiempo. Con pies descalzos, caminamos hacia al umbral sin saber qué esperar. Si la eternidad tuviera nombre no especula sobre el más allá, más bien nos cobija en la espera para cruzar. Alicia García Castelazo mira la vida con sus ojos dulces, con sus ojos claros, ojos de niña que ha vivido, que se sorprende del canto de los mirlos y que agradece un nuevo día. Por su pequeña ventana ha visto muchas primaveras; y ahora, en el invierno de su vida, aun en ausencia de flores, el jardín que mira no es sombrío, es un jardín sereno, verde de esperanza. Como toda vida, la de Alicia es una colección de retazos que ella hilvana con letras, con hilos de mil colores, para formar una manta de recuerdos que nos proteja de cara al umbral que, tarde que temprano, todos vamos a cruzar.