Los pétalos cambian de nombre es un experimento: la vida como la conciencia de saltar al abismo de lo fatal, que al mismo tiempo oscurece y hace arder la tela de su mechón, solo para concluir en el paroxismo del acto más alto de eros: la creación. Rocío García Rey logra una vez más adentrarnos entre los velos de esas revoluciones que a muchos les apetecen imposibles.
García Rey le pide a Diamela Eltit, aparécete, y nos nutre con autoras y autores qe han planteado y ejecutado mundo paralelos y posibles; alternativas reales que vislumbran otro modos del deseo y el amor. Su increíble brebaje nos alumbra, igual que lo hace con su visión del tacto y la transformación de las emociones. La conciencia del territorio que significa ser un cuerpo autónomo, es también el modo en que reproducimos cada célula del cosmos.
Y Perú, aparece, desde las altura del Macchu Pichu, como un mundo soñado. Lumpérica resuena. Las ciudades se unen y se besan, dice García Rey. Dos ciudades que hacen el amor, pensando en una tercera ciudad.
Acompañantes de sus transformaciones. La ciudad inventada cambia de nombre y llueve pétalos. Su corazón ya sin luz es un óvulo de la muerte. Que invariable florecerá en otra vida. Eros sonríe al amanecer y en el
ocaso se desangra. Es la cara del sol que toca cada cosa.